8/07/09

Maus


Me quedo en la cama leyendo hasta muy tarde Maus, la famosa novela gráfica de Art Spiegelman. Casi me la acabo de una sentada. Cuando uno de los personajes recuerda lo tarde que se le ha hecho miro el reloj de la mesilla. Tengo que cortar así que cierro el libro cuando el ratón que representa al propio autor le dice a su padre (después de que este le cuente su vida en la Segunda Guerra Mundial y su internamiento en el campo de concentración de Auschwitz): "No lo entiendo… ¿Por qué los judíos no intentaron sublevarse?" El padre le contesta: "No era tan fácil como crees. Todos eran tan hambrientos y asustados y cansados que no podían ni creer lo que veían." En la viñeta siguiente: "…Y los judíos vivieron siempre con esperanza. Confiaban en que los rusos llegarían antes de que una bala alemana les atravesaría la cabeza…" [Las incongruencias verbales representan el mal inglés de este judío superviviente emigrado a Estados Unidos de adulto].

¿Cuántas veces, ante los documentales, películas, libros, etc., sobre este tema no he pensado esto u oído en boca de otros lo mismo; por qué no se rebelaron? O: ¿cómo es que esos millones de personas se dejaron matar tan ordenadamente, tan mansamente? Es una pregunta, yo creo, inevitable. Supongo que para responderla habría que tener en cuenta la extrema minuciosidad y control de los alemanes para todo. Quizá el individualismo judío tenga algo que ver, o no me lo explico. Individualismo, digo, como conciencia que uno tiene de sí mismo, diferente de los demás, incluso de otros de su misma raza o nación, y por encima de estos vínculos biológicos o artificiales. Los alemanes parecían funcionar más como insectos sociales, hormigas o abejas. En un país latino, España por ejemplo, el holocausto habría sido una chapuza. Los campos de internamiento serían un caos en el que los presos se fugarían como les diera la gana y las cámaras de gas sólo funcionarían los primeros días, y por dejadez o incapacidad para arreglarlas quedarían inutilizadas, o tardarían tanto que no las tendrían operativas antes del final de la guerra. Dudo incluso que aquí se le ocurriese a alguien una forma de asesinar tan sistemática. Sería más bien un aquí te pillo, aquí te mato. Está claro que hasta los defectos tienen sus ventajas. Hace poco, hablando con un vecino italiano, que ya lleva muchos años en España y que luchó en la Segunda Guerra Mundial, me dijo que no fue hasta después de acabar la guerra que supieron algo de lo que se había hecho en Alemania con los judíos. Me dijo que en Italia y en España eso nunca podría haber pasado, aunque reconoció que en los peores momentos en Italia los judíos sufrieron lo suyo. Nuestra guerra civil fue una escabechina sangrienta, pero tiene uno la imagen de que fue más el resultado de rencores y venganzas particulares y cierta inercia bélica que una planeada masacre total a la alemana. Precisamente, lo que más sorprende y horroriza del Holocausto nazi (más de cincuenta años después no parece haber disminuido el interés que despierta lo ocurrido en esos años) es esa civilizada forma de asesinar; el fordismo aplicado al asesinato en masa. Y con tanta eficacia. Claro que ha habido otros holocaustos, pero ninguno debido a una organización humana tan perfecta, sistemática, en el que lo bárbaro y el horror se hayan escondido o disfrazado de sociedad, de civilización, y hasta de pensamiento. El contraste es brutal; un ejército pulcro a paso milimetrado fabricando montañas y montañas de cadáveres que convertían en ceniza.

2/07/09

Aburrido del cine


Desde hace tiempo estoy bastante aburrido del cine. En general, de todo el cine. O de casi todo. El cine bueno porque es muy raro que exista y el malo, ya no por malo, sino por repetitivo. Hasta el buen cine es demasiado a menudo previsible, perfecto, aburrido. Podría recordar cierta parte de mi adolescencia como una etapa en la que veía películas. Muchas películas. Era esa época en la que en la televisión (léase La 2 de TVE) ponían cine. De madrugada quizá, pero uno tampoco tenía mucho que hacer, a no ser ir al instituto, o los fines de semana salir a airearme a alguna sala de viodeojuegos o algún antro para críos con granos. Porque recordemos, hubo un tiempo lejano en el que en la televisión, limitada a dos o tres canales (incluyo la gallega), era posible ver cine, o Cine. Un ciclo Tarkovski, un ciclo Ozu, Truffaut. Incluso cosas más raras. Así que en el silencio de la madrugada, sólo ligeramente mancillado por los ronquidos de papá al fondo, silbando como un barco que zarpa rumbo a lo desconocido, iba viendo uno casi sin querer las películas que hicieron que el cine sea considerado un arte, y también, la verdad, un montón de películas malísimas de serie B y Z, de esas que ahora se consideran de culto por ingenuas, baratas y desvergonzadamente chapuceras. Pero sin dudan tenían y tienen mucho más interés estos tesoros arrabaleros que la mayoría de los productos comerciales tan sensatos que se suelen hacer pensando en el espectador, y que yo creo que es el mismo espectador virgen que no vio una película en su vida.

Lo que destaca demasiado, yo creo, en este negociado del cine, es el miedo a equivocarse. Nadie arriesga un pelo. El cine es caro, el cine es cosa de muchos. El cine llamado comercial no suele ser ni bueno ni malo, o muy malo al menos, y ni alto ni bajo, ni feo ni guapo. Suele ser, más que nada, igual a sí mismo, una mutación de la misma cosa una y otra vez. Es una inversión, y el riesgo debe ser reducido al máximo, como cualquier otra inversión. Lógico. Y además son muchas personas a las que poner de acuerdo. Decía Azorín, sorprendido, que para hacer una película se necesitan ciento y la madre. Y Raymond Chandler, que trabajó como guionista para Hollywood, dijo esto: "Si ustedes piensan que la mayoría de las películas son malas, cosa que son (incluidas las extranjeras), averigüen por algún iniciado cómo se hacen, y les sorprenderá que hayan podido hacerlas tan buenas. Hacer una buena película es como pintar La Gioconda en el sótano del Macy´s, con un supervisor de sección mezclando los colores."

Hacer una película excelente dentro de lo regular, dentro de lo probablemente aceptado, eso es a lo que se aspira, y eso es lo que suele haber, cuando hay suerte. Claro que entre esto, el honrado trabajo de los que saben hacer crucigramas a 24 fotogramas por segundo, y el individuo con ínfulas de artista que se pone detrás de una cámara creyéndose Eisenstein, yo me quedo con lo primero, si no tengo cosa mejor que hacer. Mucho peor que la mediocridad es la pedantería hueca, sin nada que la sostenga, sin un mínimo de sinceridad por lo menos.

Aunque me interesa menos el cine, y sobre todo desde que cerraron el único teatro en Santiago en el que ponían algo distinto a la oferta comercial, intentaré no perderme, por ejemplo, a alguno de los grandes de nuestro tiempo; la próxima de Tarantino, la de Takeshi Kitano, la de los Coen.

1/07/09

Tele

Steven Segal antes de hacerse un bocadillo.

No puedo dormir. Son ya casi las dos de la mañana, y toda la culpa tiene que ser de una coca-cola que me tomé a media tarde para aliviar el revoltijo del estómago. Enciendo la tele, me sirvo un poco de leche e intento no pensar en su sabor mientras la bebo. En realidad no sabe a nada. House; un capítulo de las primeras temporadas. Lo veo; unos bebés enferman. Dilema moral; el doctor malote decide sacrificar a un bebé, entre dos (que decida el azar; misma enfermedad, dos tratamientos distintos a ver cual funciona, qué virus es), para salvar a otros cinco o seis aquejados del mismo mal vírico desconocido. Discusión, comedura de tarro, una moneda al aire; muere un bebé para que los demás puedan vivir. Anuncios. El programa de Buenafuente en la Sexta. Entrevista a Tonino Carotone; este hombre se expresa bastante mal, farfulla, casi ni responde a lo que le preguntan. No parece nervioso, incluso todo lo contrario; se ríe mucho y sin venir a cuento, busca las palabras sin éxito y apenas construye una frase coherente. Físicamente parecido a Rafael Reig, con bastón de Antonio Gala. Buenafuente le sigue un poco el juego, pero ve que no le puede sacar mucho y bromea; "Tú te lo pasas muy bien contigo mismo". Es de Pamplona; debajo de su nombre lo definen como músico italianófilo.

Confirmo la impresión de que en varios de este tipo de programas (el Hormiguero, etc…) los invitados salen colocados. Y muy colocados; hace no mucho vi a ese guitarrista que se llama El Cigala rompiéndose de risa por nada. Se reía de su risa. La risa le empujaba a reír más. Contaba anécdotas supuestamente graciosas, pero sólo eran graciosas para él. A veces lograba contenerse un poco, como si pensara; no, por favor, te estás pasando, y otra vez volvía a reírse, y era una risa de verdad, sincera, incontenible, de llorar. El presentador de El Hormiguero también se reía, pero lo que parecía hacerle gracia era ver a su invitado tan colocado.

Sigo haciendo zapping. Una entrevista a Joan Ridao, de ERC, en CNN+. Mientras habla sobre financiación (qué tío más pesado) me imagino su vida familiar; mujer, hijos, todos perfectamente coherentes con la postura nacionalista de papá. Amigos nacionalistas, parejas burguesas y supuestamente progres que se dan la razón y se va a la cama a follar en catalán. Quizá de mayor un hijo se le haga facha, puers hay una ley qyue dice que los hijos intentan equilibrar el mundo llevándole, al menos un poco, la contraria a sus padres. Y lo contrario de Carod-Rovira es Aznar. Es decir, tal para cual.

En la primera o la gallega, ya no sé, se ve una cocina; entra Steven Segal con su coleta negra lisa. Vuelvo a House. Me quedo con la duda de saber qué iba a hacer Segal en aquella cocina; ¿un bocadillo? Da igual. House; un bebé, el protagonista, se recupera. La recuperación es milagrosa casi; de un minuto para otro. Todos lloran, esta vez de alegría. El bebé protagonista sonríe y mueve la cabeza inquieto. Los ojillos azules, calvo y con pelusilla rubia. Los padres, que dudaban si podrían afrontar la muerte del pequeño sin que por ello se resintiera su relación de pareja, se cogen la mano y se miran a los ojos, dando a entender que la relación sale fortalecida después del mal trago. Esto es una ñoñada. Ese cálculo y temor por lo que pueda pasar con la pareja más allá de la hipotética muerte del bebé me parece una mezquindad amparada por la cursilería más básica. Mientras el bebé lucha por sobrevivir a la enfermedad, la madre ya piensa en si van a poder seguir juntos después de aquello. La madre del bebé, digamos, sacrificado, ni siquiera tenía marido, o al menos no salía nunca, y era un poco entrada en kilos; su única acompañante era una chica oriental. ¿Serían lesbianas? Fuera como fuera no vuelven a salir desde que se les murió el crío, o me lo perdí mientras veía a Buenafuente. Apago la tele. Vuelvo a la cama. El camión de la basura afuera.

27/06/09

Recetario caníbal


Llega a mis manos de degenerado (pero sensible) un libro especial. Tiene poca lectura y mucho papel blanco, pero no es poesía; es un libro de recetas. Se titula Cocina caníbal, y lo escribió Roland Topor, ese polaco que valía para todo. El ejemplar que tengo lo edita Tropo editores. Se lo voy a regalar a uno de esos aficionados a la nueva cocina, que conozco y me lo agradecerá, pues si hay algo que caracteriza a los cocineros modernos es que les interesa tanto la cocina como los libros de cocina. O los libros de arte/cocina. A mí me parece muy bien.

Una muestra del interior de este recetario caníbal:

"Comensal azucarado

Coger un comensal de edad madura, diabético si es posible; hacer una incisión circular alrededor de su rabo y amputarle el trozo. Retirar las vísceras, arrancar los órganos sirviéndose de una cuchara de plata y cortarlos en dados gordos.

Espolvorear el interior del comensal con azúcar glas. Rellenarlo con fresas del bosque y frambuesas. Acompañarlo con una buena botella de orujo. Dejar enfriar seis horas y presentarlo sobre una sábana."

26/06/09

“Un momento histórico”

Estaba uno sin internet, que se rompió, y ahora que vuelve a funcionar se muere Michael Jackson. Me asalta en una de las portadas de los periódicos digitales su cara mantecosa con unas amplias gafas de sol que no son de sol, me fijo bien, que serán de miope. Después vienen las palabras que leo por encima; el rey del pop, el corazón se le paró a las…, las carpetas del instituto, la casa de Bel-Air, un momento histórico, 13 cuartos de baño, un baile de zombis, 750 millones de álbumes, excentricidades, negro blanco, acusaciones de pederastia, la burbuja de oxígeno, un paraíso para los niños, sin él no sería lo que soy, etcétera.

En fin, me acuerdo de Corredoira, aquel deficiente mental del barrio que bailaba igual que Michael Jackson. ¿Dónde estará? ¿Qué pensará al enterarse? Quizá piense; la vida es triste, hasta Michael Jackson la palma.

***

Dan ganas de acercarse al político retirado que lee la prensa en la biblioteca, cerca de donde estamos nosotros, y decirle que los suyos la están cagando con el gallego, que en este país hay dos idiomas, uno y dos, y que los nenes no pueden abstenerse de aprender uno de ellos, que en los colegios no pueden separarlos por idioma y que la etapa escolar tendría que garantizar una perfecta competencia en ambos, a poder ser tanto hablado como por escrito. Además, quitando cuatro fanáticos malhumorados de ambos lados, cuatro contados (uno, dos, tres y cuatro, ya), nadie quiere que se defenestre a ninguno de los dos idiomas que aquí se hablan, porque hasta ahora nos entendíamos perfectamente, aun sin entendernos cuando no nos daba la gana de entendernos. El político retirado lee las noticias con mucha calma, acercando a veces la cabeza a la página, como si quisiera captar un detalle que se le escapa a la vista. Paso por detrás y le veo una verruga enorme en la calva, como una uva pasa podrida, una verruga de rico, de gran estadista en zapatillas de casa y batín. Veo que está anclado en la página de deportes. "Estamos preparados para el mundial", dice Fernando Hierro.

20/06/09

Estampa veraniega

Con el sol ya perfectamente instalado la ciudad parece Barrio Sésamo. Los municipales simulan severidad ante esas cucarachas de colores que se paran donde no deben y salen escopeteadas como si un dedo se les posara encima cuando se les recrimina la mala acción. En los semáforos se nos pone moreno el brazo izquierdo y lo admiramos, como si le hubiésemos robado el brazo a alguien más guapo que nosotros. Se acaban las clases de los niños, salen con las chaquetas en la cintura o haciéndolas volar en el aire, y tan contentos que parece que van a explotar de un momento a otro, salpicando de confeti a los que pasan. Hasta esas chicas musulmanas que se cubren todo menos el rostro parecen más guapas e insinuantes (lo son), quizá porque parece que nos jugamos la vida al mirarlas a los ojos, y porque imaginamos todo lo que no se ve, desde las orejas hasta los tobillos. Hay más peregrinos, tostados por el sol, acartonados, silenciosos, con la vieira en alguna parte, como una matrícula. No se inmutan por nada, ya han llegado a La Meca y pueden morirse tranquilos.

13/06/09

Muerte de un gorrión

En Cosmos, de Gombrowicz, dos amigos descubren entre unas matas un gorrión colgado de un alambre, "con la cabeza inclinada y el pico abierto". El narrador razona; "Algo absurdo. Un pájaro ahorcado. Un gorrión ahorcado. Era algo que proclamaba a gritos su excentricidad y señalaba acusadoramente una mano humana que había penetrado en la maleza… ¿la mano de quién? ¿Quién había sido el ahorcador? ¿Y para qué?".

Esto lo leía ayer por la noche tan tranquilo y hoy me he cargado un gorrión. Fue un accidente (¿o un suicidio?), aunque es curioso que hubiera empezado a leer la novela del gorrionicidio ayer y hoy me pasara esto. [Llegué a esta novela por el interés que tiene el diario de Gombrowicz, que es asombrosamente bueno].

Después de unos días de lluvia sin tregua hoy había vuelto a salir el sol. Ya estábamos hasta las narices de la pecera, y eso se nota, en las caras y en más cosas, porque hoy todo eran muslos, sonrisas, escotes, mujeres achocolatadas, señores peludos y alegres, comedores de helados con la mirada perdida. Volvía tan contento de hacer unos recados a las afueras y además con un libro bonito que había comprado en la feria del libro viejo (artículos de viajes de Eugenio Montale, Fuera de casa se titula, de Mondadori, y aún por encima el diseño de cubierta de D. Gil). Escuchaba You under my skin, interpretada por Cole Porter, en radio 3. Ya estaba cerca de casa, muy cerca, casi en casa, cuando un gorrión descendió en maniobra disparatada y se puso delante del coche justo cuando pasaba. Miré por el espejo retrovisor, por si veía que salía volando o un bulto yaciente en el asfalto. No lo había atropellado con ninguna de las ruedas y por lo tanto era improbable que lo hubiera aplastado. Aparqué delante de casa. Desde allí vi que un bultito negro en la carretera saltaba y luchaba por volar, pero apenas se elevaba unos centímetros. Otros coches pasaron pero ninguno puso sus ruedas, por fortuna, sobre el cuerpo de aquel ser diminuto. Me acerqué sin saber muy bien por qué ni para qué. ¿Qué iba a hacer? ¿Cogerlo entre mis manos y salvarle la vida? Lo llevaría al garaje y le daría de comer, pues ni se me pasaba por la cabeza que pudiera entablillarse el costillar o un ala. Mientras me acercaba pensaba en todas las enfermedades que me podía pegar el pajarillo vagabundo. Quizá la gripe del gorrión. Eran los típicos pensamientos del hipocondríaco, que rápidamente deseché por improbables, y sobre todo, por aburridos. No sé por qué también pensé que me mancharía las manos de purpurina, como si fuese una baratija de los chinos o un periódico cutre con tinta de mala calidad. Llegado el caso, la locura, querer salvar al pajarillo, le daría de comer en el garaje y nada más. Si acaso él mismo tendría que curarse con el tiempo. Si no podía volar lo dejaría pasear por allí, explorando y buscando porquerías. Tampoco sabía qué le podría dar de comer: ¿Leche, como los gatitos? Me imaginaba al gorrión acercando su pico a un platillo de leche y bebiendo como los pollos recién nacidos, levantando mucho la cabeza para que las gotitas descendieran por su garganta diminuta. Quizá se hiciese amigo mío y me siguiese a todas partes una vez recuperado, llevándolo en el hombro y asombrando a las señoras cuando después de recitar un poema llegase el gorrión y se me posase en la mano. Pensé también que en su corazón tendría que haber algún tipo de reconocimiento, aunque estos eran figuraciones y sabía que llegado el caso no pasaría nada en su cabeza, y menos en su corazón, cuya única función sería bombear la leche que se tomara a nuestra costa a todas las partes de su cuerpo de pájaro, fortaleciendo las partes dañadas. Quizá pan, húmedo, podría comer también. Pero; ¿y si estaba tan jodido que nada pudiera salvarlo? ¿Y si sufría tanto que matarlo sería lo más sensato? ¿Qué haría? ¿Le aplastaría la cabeza con los tenis? ¿Esperaría a que pasase un camión y lo rematase?

En fin, lo que se piensa en unos pasos. Cuando llegué a dónde estaba vi que ya estaba muerto. No le tomé el pulso, como es lógico, sólo había que verlo. Era la muerte personificada, o gorrionificada. Estaba tumbado de lado, los ojillos cerrados, la cara de muerto. Los dedos de sus patas habían perdido la tensión. De su pico, y no me lo estoy inventando, colgaba una pelotilla de sangre (¿un coágulo?), o lo que parecía un trocito de hígado que le había salido al exterior. No pasaba ningún coche. Lo toqué con un pie. Estaba muerto y blandito.

11/06/09

Mordzinsky

Podríamos decir que un escritor es una persona, buena o mala, al que alguna vez un tal Mordzinski le sacó una foto. Si Mordzinski te saca una foto ya eres escritor, por si no lo sabes, ya que si no no te la hubiera sacado. Si él te saca la foto es que eres escritor. Si Kafka no se hubiera muerto hoy sería Premio Nobel y tendríamos una foto suya de Mordzinski. Sería una foto que lo identificaría plenamente, como escritor y como todo. Esa foto resumiría a Kafka. Los niños o los adolescentes podrían saber de qué va Kafka con sólo ver esa foto. Incluso no tendrían que leer el libro que les obligarían a leer en el colegio, porque ya estaría la foto y sacarían adelante el examen sólo con acordarse de la foto. Me gustaría saber qué se vería en esa foto, pero yo no soy Mordzinski y no sé lo que se vería en esa foto. Podría ser Kafka, viejo, con el pelo blanco, vestido de negro, sentando ante un escritorio, y aplastando una cucaracha con el dedo gordo. O Kafka mojando galletas en la leche y comiendo abstraído. Los kafkas que se me ocurren no son de Mordzinski. Mordzinski lo clavaría.

Siempre me ha parecido que Cartier-Bresson clavaba a Faulkner en aquella famosa fotografía de él en la huerta de su casa y un chucho estirándose a su lado. Es un Faulkner que parece casual y en cambio su literatura se intuye perfectamente en esa foto. Pero es algo añadido; tenemos que poner de nuestra parte. Así pasa con los demás retratos de Bresson de pintores y escritores. Me acuerdo de uno de Beckett; tan primer plano que parece un reptil, con esa piel cuarteada y los ojos casi de reptil.

Mordzinsky va más allá; nos deja a los escritores en bandeja. Sólo tenemos que abrir los ojos. Bresson hacía retratos, y Mordzinsky hace biografías. Podríamos decir que se convierten, los retratados, un poco en parodias de sí mismos, casi tópicos. He aquí una muestra que publicaba hoy El País.




Aquí Borges, sentado, con la piel del cuello estirada y las dos manos sobre el bastón, o más bien una sobre la otra. Le están diciendo: Mira un ovni.


En esta foto Vargas LLosa es el Escritor/ Presidente, lo contrario de un mierdoso. Es un dominador que reflexiona ante el horizonte; a un lado unos cipreses (mala señal, o la maldición de su brazo ejecutor; ¿el funeral de Gabo?), abajo unas macetas, creo, y unas nubes que enturbian su omnipotencia. Americana y camisa salmón, es del PP, pero no lleva corbata, así que se reserva algunas opiniones para confundir. Parece decir: Trujillo c'est moi.


Aquí Wendy Guerra, al parecer. Nombre perfecto cono seudónimo para un concurso de novela, o para autora de un blog. No la he leído. En la mano la braguita echa una pelotillla. Piensa; como salga bizca voy a quedar como una idiota.

Mario Benedetti atrás, casi fuera de la foto. Le dijo a Mordzinsky; saca al chaval, que es pobre, y seguro que hoy no ha comido y le hace ilusión. Pero el chaval lleva unos Adidas y posa como un Zidane. 


De esta foto destaca la tripita de Vila-Matas. Ese cinturón que quiere contenerla, y que la contiene. Es una barriga muy de señor francés. Si uno no se fija mucho tiene delante un vendedor de cupones, un ciego. Y si se fija uno, piensa en el trabajo que le debió dar esa gabardina. 

Saramago recortado como estatua para la eternidad. Tiene uno que ser Saramago para que esta foto no te parezca una putada. Al fondo el mar, un cielo de nubes que pueden dar chaparrones y el sol reflejado en la superficie del agua que brilla mucho y destaca más ese perfil de tortuga con el entrecejo fruncido, severo, y gafas. Hay que fijarse en la cabeza; por arriba es plana, como la azotea de un edificio. 



Esta es mi preferida. Después de tantos retratos con biblioteca al fondo (mira qué grande la tengo, parecen decir los retratados), en esta foto Casavella acostado en el sofá fuma y ve la tele. Cuando ponen anuncios echa la mano atrás y coge un libro. Un soneto de Shakespeare, un fragmento de una novela de Maughan, un relato de Bukowski. Por esta foto voy a leer a Casavella. Quizá. 

9/06/09

[4]

La sensación de que todo lo que nos pasa ya nos ha pasado antes de comer.

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Lo contrario de llorar es masticar.

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Nota: hacer frases cuando llueva mirando fijamente unos desconchados en la pared. No parpadear.

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La cama, de malas maneras, no deja que nadie se mueva.

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A veces estoy demasiado en paz y tengo ganas de que me joda la vida un mosquito.

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Llora queriendo deshacerse en trozos muy pequeños, pero no lo consigue y se enfada.

8/06/09

[3]

Hoy dormí sin dientes y soñé que todo se arreglaba.

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Todas estas tripas, y están vivas.

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Se educan aprendiendo del perro, y el perro está perdido y se volverá loco.

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Anochecer morado, nubes, un pájaro sólo. El suelo del jardín húmedo. Mi madre plancha. No hay nadie en casa. Soy un viejo soltero que se mira al espejo.

***
 En la lluvia que se oye al otro lado de la persiana se va el mundo por el desagüe.

***
 Una vez le pisé la barriga a un gato, sin querer.

 ***

Me levanto preocupado. Huele a cosas encerradas en otras cosas. El estómago gorjea. Demasiados planes sobre la mesa. Me corto las uñas.

6/06/09

Semmelweis


"Mirabeau gritaba tan fuerte que Versalles tuvo miedo. Desde la Caída del Imperio Romano no se había abatido ninguna tormenta parecida sobre los hombres, y sus pasiones se elevaban hasta el cielo en olas temibles. La fuerza y el entusiasmo de veinte pueblos brotaban de Europa, destripándola. Por todas partes se movían los seres y las cosas. Aquí, tormentas de intereses, de vergüenzas y de orgullos; allá, conflictos oscuros, impenetrables; más allá, sublimes heroísmos. Todas las posibilidades humanas confundidas, desencadenadas, furiosas, ávidas de lo imposible, corrían por los caminos y las hondonadas del mundo. La muerte aullaba entre la espuma sangrante de sus legiones dispersas; desde el Nilo hasta Estocolmo y desde la Vendeé hasta Rusia, cien ejércitos invocaron al mismo tiempo cien razones para ser salvajes. Fronteras desfiguradas, fundadas en un inmenso reino del Frenesí, hombres que querían progreso y un progreso que quería hombres, he aquí las inmensas bodas que se celebraban. La humanidad se aburría, quemó algunos Dioses, cambió de vestuario y pagó a la Historia con unas cuantas glorias nuevas."

Semmelweis, Louis- Ferdinand Céline, Marbot Ediciones, 1ª edición marzo 2009.

De grandilocuencia y retórica cansina está lleno el patio, pero esta grandilocuencia, esta prosa de brazos alzados al cielo y escupitajo de medio lado, es única. Y lo raro ya no es que sea única, o perfectamente reconocible como la voz del rabioso Céline, sino que me siga pareciendo necesaria. Vuelvo a Céline como a desintoxicarme de las buenas formas, de los buenos sentimientos, de las buenas intenciones y sobre todo de la turba de maldecidores que veo por todas partes, tan graves y llorones, cagoenlamar.

Ah, este libro es la tesis doctoral en medicina de Céline (París, 1924). Habría que ver la cara que se les quedaría a los del tribunal al escucharla.

4/06/09

El quimérico reseñador


Yo vengo aquí (vuelvo a la vida, aunque me duela el cuello de dormir con almohada), a hablar muy bien de una novela, y no conocía de nada al autor. O de casi nada. El autor además ya está muerto y vivía muy lejos. Así que vuelvo dispuesto a aburrir. Las críticas más aburridas suelen ser las positivas, las de alabanza, y si al reseñador le apasiona un libro podemos echarnos a temblar. Se le pone la piel de gallina y mea al viento y el viento le mea a él. Umbral mismo decía que escribía mejor cuando escribía de lo que detestaba, y en su caso al menos era verdad, pues eran críticas muy divertidas.

Sí, venía a decir, me gustó mucho la novela de un tal Roland Topor, que para mí hasta ahora era ese que firmaba los dibujos un tanto raros de las portadas en Seix Barral de los libros de Gombrowicz. Resulta que también es polaco; estos dos, Topor y Gombrowicz, son polacos. Ahora mismo para mí no hay más polacos.

La novela es El inquilino quimérico. Está editada por Valdemar en Marzo de este año. Topor también era ese que se juntó con Arrabal y Jodorowsky en lo que llamaron el Movimiento Pánico. Arrabal me parece un tipo insufrible, a pesar de lo gamberro que pudiera ser, y ya no como persona o como borracho (que en eso somos todos poco más o menos insufribles), sino como escritor, sobre todo como escritor de artículos y novelas. Un pobre hombre que no puede olvidarse ni por un minuto que es un pobre hombre y sufre mucho por ello, que no es ni mucho más listo ni mucho más tonto que cualquiera, por mucha Virgen que haya visto en su vida. ¿Cómo alguien que se cree un genio de verdad no es gilipollas como mínimo? Hay cosas suyas de teatro de las que no tengo mal recuerdo. Las leí cuando aceptaba todo. Ahora también acepto todo pero me aburro antes. De Jodorowsky no pienso nada. Peyote, rollo chamánico, a otra cosa. Empezó en Pánico como neo-dadá para acabar echando las cartas del tarot a Dragó. ¿Y Roland Topor? Este es el más desconocido de los tres y por lo que he mirado estos días quizá el genio semioculto de este grupo. Al parecer fue pintor, ilustrador, escritor, dramaturgo, cineasta… y en todo tiene buena pinta lo que hizo.

Su novela El inquilino quimérico me descubre no ya a un gran novelista (a la novela ni le sobre ni le falta nada y casi es perfecta), sino a un escritor con ojos, que es lo mejor que puede ser un escritor. Escribe lo que ve, ateniéndose a lo que ve. Esto de descubrir a un escritor con ojos es muy raro; la mayoría son ciegos, aunque tengan carnet de conducir y no necesiten siquiera gafas. Al menos cuando escriben lo ven todo borroso y escriben novelas borrosas, quizá con argumentos muy claros, muy definidos, muy estructuradas (suele ser así), pero todo son palabras y sólo palabras y allí no vemos nada. Cervantes tenía ojos, Galdós tenía ojos, Gombrowicz (ya sin salir de Polonia) tenía ojos, y Topor tiene ojos. Tenía, que murió también. Topor tenía unos ojos saltones que parecían querer salirse de sus cuencas y levantarles las faldas a las señoras. Unos ojos que no se escapaban porque estaban atrapados en una red de venitas que se alimentaban del humo de la pipa. Hay que verlo charlando en youtube, vaya tío.

Pero no nos pongamos dramáticos; tener ojos en literatura tampoco es tan importante. Lo importante en la literatura es tener dedos para teclear, muchos dedos, e ir a muchos saraos librescos. Claro que cuando encontramos una novela en la que se pusieron algo más que dedos podemos perder el control y caer en la más puñetera hagiografía.

El quimérico inquilino también fue película, me entero. Roman Polanski la dirigió y protagonizó. Otro polaco.